Integrantes de la organización de Patrimonio Arquitectónico Olavarriense emitieron un comunicado sobre las modificaciones que realizará el Municipio en la Terminal de Ómnibus.
A continuación el comunicado:
Por la ancha avenida Pringles el colectivo “La Estrella” recorre las 20 cuadras que separan la ruta 226 de la Terminal, pegada a la estación del Roca.
Son exactamente las 16: 30 hs cuando se detiene en el andén 8.
Manuel, en su primera visita a la ciudad de su amigo Rafael, desciende somnoliento. Un espacio singular lo deslumbra, mientras resuenan en su memoria las imágenes de 2001 Odisea del Espacio, la película de la cartelera de todos los cines.
El techo plisado parece flotar. Un espacio indefinido le provoca la duda de estar afuera o adentro, solo el aire tibio que se escapa desde la puerta entornada, le advierte de que aún no había ingresado.
-Llegue al futuro- le dijo Manuel al orgulloso anfitrión.
En 1969 el Intendente Portarrieu inaugura la obra de Vazquez Brust, entrando en la avanzada arquitectónica con un edificio diferente.
Es el florecimiento de las terminales en las ciudades bonaerenses, construidas a los apurones, para enfrentar el desarrollo del transporte de pasajeros por ruta, que comienza a desplazar al tren.
La estructura en béton brut, denominada “brutalista”, exhibe francamente las funciones. Una carpintería de aluminio, vidrio y dolomita, sin muros opacos, garantiza las visuales en todas direcciones. Un diseño totalizador incluye el equipamiento: escaleras articuladas; bancos con estructura de acero y cuero; mostradores y maceteros de brillante dolomita. Componentes tecnológicos de vanguardia: calefacción, iluminación, circuito cerrado de TV y sonido, a semejanza de un aeropuerto.
Es evidente que la pregnancia de la propuesta formal de este edificio, contribuye a la valoración asignada desde diferentes sectores, incluídos los poderes políticos, que lo han incorporado al listado patrimonial olavarriense según la ordenanza promulgada en 2016.
Hoy, transcurridos 50 años, las empresas de colectivos se multiplican incorporando nuevos destinos, en detrimento del casi desaparecido ferrocarril.
El avance tecnológico facilitó el desarrollo de ómnibus de gran porte y doble piso, para abastecer la creciente demanda.
El mezquino mantenimiento ha provocado un deterioro difícil de revertir sin un presupuesto adecuado, que además, debería involucrar un proceso de restauración.
Recientemente, el ejecutivo llamó a licitación para atender las urgencias del momento, comprometiendo la calidad de la emblemática obra.
El edificio se enfrenta a esta situación de desborde, sin posibilidad de resolverla si no es por fuera de sus límites, es decir, ampliando la caja arquitectónica, presentándose la disyuntiva de replicar su morfología, o proponer un diseño contemporáneo que articule armónicamente con lo existente.
Toda operación interna dentro del mismo, solo reparte la escasez.
Es previsible que estas respuestas de coyuntura sean insuficientes en el mediano plazo. Resulta entonces ineludible analizar situaciones futuras en la relación terminal/ciudad.
La tríada: ruta/terminal/estación de ferrocarril, constituye en Olavarría una resolución valorable. En ese sentido se puede vislumbrar en el futuro una respuesta que acentúe esta situación. Es necesario el rediseño de la playa de maniobras, a partir de una insoslayable transferencia del área ferroviaria, actualmente vedada a la ciudad.
Es sustancial no abandonar esta idea de nudo de transporte, pensando en que el tráfico ferroviario de pasajeros recobre su intensidad, meta favorable si queremos ser una ciudad con un medio ambiente equilibrado.
Reubicar la terminal en el borde urbano, es también una solución vigente al sentimiento comunitario. Elimina los ómnibus de las calles y beneficia el tráfico vehicular, en detrimento de una valiosa relación con el ferrocarril.
Ante ésta última alternativa, corresponde programar un nuevo destino para el edificio actual, afín con sus cualidades formales y funcionales. No debería reutilizarse para alojar actividades nómades del organigrama estatal.
La situación actual de la terminal exige una visión proyectada hacia el mediano plazo, por lo que es necesario replantearse estas propuestas coyunturales, para asegurar la supervivencia del bien patrimonial.
El comunicado lo firman los arquitectos Mario Arabito, Oscar Luna, la Ingeniera Susana Demarco, integrantes de Patrimonio Arquitectónico Olavarriense (PAO).