Para los legos se trata de un neologismo médico, para los profesionales de la salud la semaglutida es un medicamento, diagnosticado en principio para combatir la diabetes tipo 2, que en este último tiempo se ha convertido en un boom de los tratamientos para la pérdida de peso.
Según fuentes farmacéuticas consultadas el incremento en las ventas en Olavarría ha sido exponencial y se agota con rapidez, aunque no tiene cobertura de las obras sociales, ni las prepagas. Según detalló, la situación comenzó a agravarse hacia fines de 2025 y desde entonces el comportamiento del mercado se volvió irregular.
Y su costo no es para nada barato, según las opciones: las dosis más comunes oscilan entre 125 y 150 mil pesos; hay dosis más altas en 260 mil pesos y una medicación “de la familia” que llega a los 400 mil pesos. La aplicación es fácil (en distintos lugares del cuerpo, según lo defina el médico) y la puede hacer el mismo paciente.
En el orden internacional se planteó una polémica alrededor del auge del uso de semaglutida. Se sostiene que puede generar riesgos en personas con trastornos de la conducta alimentaria, ya que pueden fomentar reacciones restrictivas y complicar la recuperación. Ante eso, expertos subrayan la necesidad de una supervisión interdisciplinaria.
“Por sí sola no sirve”
La licenciada en nutrición Regina Traverso, consultada sobre el tema, aclaró que “si bien esta droga es de incumbencia exclusivamente médica, conocemos qué tiene esta medicación”.
“Es una medicación que se llama agonistas de GLP-1, que es como que imitan la acción de glucagón, que es una hormona que se libera cuando comemos y que regula un poco las glucemias -porque cada vez que comemos aumentan la cantidad de glucosa en sangre- y además da al cerebro como señales de saciedad, de que ya no tenemos más ganas de comer ” explicó.
Regina consideró que esta es la razón por la cual la semaglutida se hizo tan famosa en un período de tiempo bastante corto.
En lo específico planteó que “en general las personas que hacen tratamientos de descenso de peso o que tienen alguna alteración metabólica muestran una avidez grande por todas estas medicaciones que prometen un resultado más pronto, porque los tratamientos de regulación de ingestas suelen ser muy largos”.
La licenciada Traverso sostuvo que los tratamientos para bajar de peso deben ser “multimodales”.
“No se recomienda una terapia única, sino que se debe utilizar tanto la terapia cognitiva o tratamientos grupales, terapia nutricional. Puede ayudarse con alguna medicación en casos en que se necesite -porque también tiene sus contraindicaciones- y a veces son recomendadas en estos casos que hay una alteración metabólica franca, donde es necesario controlar un poquito más esta respuesta”.
Otra recomendación es que por sí sola no ofrece ningún avance. “Es algo que puede dar un efecto, pero si no hay una reducción de la ingesta, un control de la alimentación y un cambio de hábitos claramente que no sirve. Primero porque esta terapia no se puede hacer indefinidamente, es muy costosa y cuando se deja puede haber un aumento de peso mayor” indicó.
“Cuando la persona sólo apela a estas soluciones un poco más sencillas, ligadas a una medicación, hay una alta probabilidad de que no ponga en práctica otras conductas, como por ejemplo un tratamiento nutricional, un cambio de estilo de vida, una actividad física con refuerzo de aumento de masa muscular, que es lo primero que se pierde cuando se hacen dietas no controladas y no se pierde el depósito graso”, advirtió.
“Cuando se pierde masa muscular sin pérdida de grasa y luego la persona deja de utilizar esta medicación claramente el aumento de peso va a ser mayor porque el punto de partida es peor que en el inicio del tratamiento” sumó la licenciada Traverso.
“Es como una máscara de que está todo bárbaro porque hubo una reducción de peso, pero cuando vamos a ver un poquito más finito en realidad lo que hubo fue una pérdida de masa muscular, lo cual lo pone en una situación de mayor riesgo metabólico que al inicio del tratamiento” recalcó.