La historia de un joven de Sierra Chica con dos extraterrestres | Infoeme
Viernes 03 de Julio 2026 - 20:24hs
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Olavarría

La historia de un joven de Sierra Chica con dos extraterrestres

El 2 de julio de 1968, cuando tenía 14 años, Oscar Iriart asegura haber tenido un encuentro con dos humanoides que lo invitaron a “conocer el mundo”.

 

En el marco del Día Internacional del Ovni, el portal Página 12 compartió la historia de un vecino de Sierra Chica por demás llamativa.

 

Las crónicas del misterio están repletas de niños que viven experiencias extraordinarias. Y si los infantes habitan aldeas alejadas de las grandes urbes, pues mayores son las posibilidades de que sus relatos propaguen el asombro y trasciendan las fronteras. Entra en esta categoría el caso de Oscar Heriberto Iriart, un joven de 14 años que el mediodía del martes 2 de julio de 1968 llegó a todo galope hasta el campo de 72 hectáreas que administraban sus padres, Heriberto Antonio Iriart y Cesárea Donatti, a dos kilómetros del centro de Sierra Chica, localidad del partido de Olavarría, provincia de Buenos Aires.

 

 

Llegó, se apeó y cuando recuperó el aliento contó que a las 11.30 recorría a caballo el campo cerca de una alambrada. En eso, a unos 800 metros de la casa, vio a dos hombres que le hacían señas para que se acercara. Aquella mañana había descendido una espesa capa de neblina. Pese a la escasa visibilidad, notó que las figuras vestían un atuendo rojo, “como de amianto”, y luminoso. Tenían “máscaras protectoras”, cabellos blancos y ralos, y ojos inquietantes, como hundidos, que lo miraban sin parpadear. Se acercó confiado y uno de ellos le dijo en castellano: “¡Vas a conocer el mundo!” Oscar contestó: “Sí, cómo no, cuando tenga plata!”. Intentó ver sus piernas y a través de ellas vio el pasto, por lo que dedujo que eran transparentes; al mirar debajo, advirtió a sus pies enfundados en unos calzados negros. Sin el detalle de las piernas, explicó, “podrían ser hombres normales”.

 

 

Asustado, Oscar quiso escapar. Pero se sintió desganado, sin voluntad, no se pudo mover. El caballo tampoco. El diálogo continuó: “Nosotros lo llevaremos. Ahora no, pues tenemos mucha carga”, dijo uno de los seres, y señaló una nave discoidal gris de dos metros de diámetro posada cerca del zajón que separaba la alambrada del camino. Los hombres le entregaron un sobre blanco, forrado en violeta, que contenía un papel. Y le pidieron que hundiera el sobre en un charco “para demostrarle que no se mojaba”. No bien lo comprobó, la pareja ingresó en el aparato y éste despegó en vertical, alejándose a toda velocidad.

 

 

Oscar regresó a su caballo “como dormido” y, cuando el platívolo desapareció, galopó hasta su casa. Su madre lo escuchó absorta. “Sus ojos estaban desorbitados, como si estuviera saliendo de un estado hipnótico”, le dijo a Albano Loayza, redactor de El Popular de Olavarría. Del interior del sobre, milagrosamente seco, si es que alguna vez estuvo mojado, retiraron una hoja de cuaderno común donde se leía: “Uste (sin d al final) conocerá el mundo. P. Volador”.

 

 

Horas más tarde, vecinos, curiosos y hasta la policía local afirmaron haber visto una luz cruzar el cielo en la misma zona. La historia fue ampliamente difundida por los medios y atrajo la atención de investigadores, escépticos y entusiastas del fenómeno ovni.

 

 

A 57 años de aquel episodio, aún no hay explicaciones definitivas. Oscar nunca cambió su versión. Lo que queda es una historia que, real o no, forma parte del extenso archivo argentino de encuentros con lo inexplicable. (Página12)

 

 

 

 

 

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